viernes, abril 07, 2006

Bonobos

Revista el Ajo Invierno 2004/2005 Núm. 1

Hace unos tres millones de años un grupo de rebeldes vivía al sur del actual río Congo. Se trataba de un tipo de primate muy parecido al que conocemos como chimpancé. Este puñado de héroes, no sabemos aún el motivo, decidió separarse del comportamiento habitual y mutar en una nueva especie. Frente al Pan troglodytes (chimpancé), ellos se constituyeron de forma autónoma en Pan paniscus o Bonobo.
En los siguientes millones de años, nuestra comunidad disidente mostró poco interés por el desarrollo de la creación. La felicidad, es cierto, es poco estimulante para la industria, la ciencia y la avaricia. Es muy probable que los bonobos tampoco considerasen significativo que una mutación suya llamada Homo (el bonobo es el ser genéticamente más parecido al hombre) abandonase el edén en busca de nuevas fronteras.
Tiempo después, ese primo apareció denuevo por el sur del río. Ahora era blanco, tenía la nariz afilada y vestía de caqui. Era un tipo altivo, chulo y violento, sin embargo, el bonobo decidió actuar y ayudarle a encontrar el buen camino.
Berlín 1929, el crack bursátil rompe el espejo verde de la felicidad. La ciudad convierte su permisividad en una extravagante decadencia. No podía ser ni en otro sitio ni en otro tiempo que Ernst Schwartz, cuidador de los chimpancés del Zoo de Berlín, hiciese el descubrimiento. El comportamiento de los chimpancés pigmeos era sumamente extraño; se organizaban en matriarcado, sus machos nunca se agredían entre ellos, follaban cara a cara, mirándose a los ojos y, algo insólito, se besaban.
A Hitler no le interesaron los bonobos y encontró alivio en los gorilas, fuertes, machos y estúpidos como referente para el próximo salto evolutivo.
Llegamos a 1970. Una expedición de japoneses se interna por primera vez en territorio bonobo. Hacía pocos años que había acabado la más larga y extraña guerra entre chimpancés que recuerda la historia y que mantuvo enzarzados desde 1930 a cientos de tribus dejando miles de monos muertos. Ningún bonobo, por supuesto participó nunca de esa carnicería extrañamente paralela a las muchas que el Homo mantuviera en ese mismo tiempo: la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, Corea, el GULAG y Vietnam. Una vez más, el bonobo venía a iluminar el camino de su primo. Los japoneses descubrieron que si el chimpancé es territorial, el bonobo era nómada, si el chimpancé era caníbal, el bonobo vegetariano, si uno androcéntrico, el otro matriarcal, si el uno violento, el otro absolutamente pacífico, si el primero temía el agua, el bonobo cruzaba los ríos erguido, bípedo, sin miedo. Los setenta serían pues, una década bonoba.
Pero, ¿cuál era el arma, la clave para crear una sociedad sin guerras ni violencia, donde la comida se reparte por igual y donde hasta grupos de 400 individuos se reúnen con tribus desconocidas para aullar y compartir alimentos juntos? Pues el sexo.
La actividad sexual de la hembra bonobo es diez veces superior a la del chimpancé y casi mil a la del gorila. Junto con el humano, es el único primate en celo permanente. La líbido no reprimida y constante de la hembra obliga al macho que desee perpetuarse a no perder estúpidamente el tiempo en peleas. La hembra mantiene a su vez intensas y frecuentísimas relaciones lésbicas para sellar alianzas. El sexo relaja tensiones. Si dos machos buscan bronca, pronto aparecen sendas hembras que les hacen olvidar sus ganas de pelea. Entre machos, una paja o una mamada es la forma frecuente de sellar acuerdos y retomar amistades. “Los dos contrincantes se paran frente a frente y gritan como locos durante un buen rato. Luego, uno de ellos le hace una señal al otro para que se acerque. Inmediatamente se tocan y se abrazan, refriegan sus genitales en señal de amistad y se dedican tranquilamente a juntar comida.” Escribía Frans de Waal, pionero en el estudio de los bonobos y autor de La política de los chimpancés. Las crías se inician en el sexo con adultos desde la más tierna infancia, neutralizando la pedofilia a través de su ejercicio en familia. Se trata de un juego divertido, aleccionador, socializante. Quizá por ello el pene del bonobo supere el tamaño de la media humana: la función hace la forma...

Por eso pensamos
-Que ahora más que nunca es necesario que el bonobo y su cultura vuelvan en nuestra ayuda en estos tiempos en que estamos bajo la tiranía de los chimpancés.
-Que nadie se equivoque, la genética lo ha dicho. Nosotros descendemos del amor y no de la guerra. Del gentil bonobo y no del violento, machista, caníbal, propietario y rentista chimpancé.
-Que en nuestra naturaleza está el tránsito, no la emigración. Nacimos para vadear ríos no para abrevar asustados en sus orillas.
-Que fue en los primeros tiempos cuando las diosas putas y fértiles regían el mundo, cuando el bonobismo no se había perdido en la avaricia de los machos alfa, cuando existió realmente la Edad de Oro de la que todas las culturas han hablado.
-Que el bonobo no acumula, el bonobo reparte, el bonobo se entrega, es la negación de la tesis de Freud, que sostiene que el principio del placer que mueve a todo ser, debe ser atemperado por el principio de realidad dedicado a salvar el yo, el individuo.
-Que el chimpancé es territorio y el bonobo tan solo tiempo. El bonobo nunca es yo, es siempre ahora.

Por eso exigimos
-Que la ciencia académica y reaccionaria rectifique sus chimapancescas teorías inmediatamente. El hombre no se puso en pie para ver mejor a sus presas en la sabana: lo hizo para pasear en busca de congéneres sin que le entrase agua en la nariz.
-Que se otorgue estatus de embajador especial de la ONU a los 106 bonobos que están retenidos en los zoos humanos y se les invite a colegios y consejos de administración para que adiestren al humano (el bonobo tiene un complejo idioma propio, pero es capaz de reconocer más de 400 pictogramas).
-La abolición del clan patriarcal como desviación aberrante de nuestra naturaleza.
-Que la promiscuidad sexual sea la vanguardia de las demás mezclas y mestizajes. Sabemos que la promiscuidad disuelve la propiedad, raíz de toda lucha e injusticiaa, iguala a los individuos y atempera las ambiciones.
-Que se despenalice cualquier tipo de relación sexual y pase a considerarse el sexo, y no el contrato, como la fundamental de las relaciones entre seres civilizados.
-La mujer debe ser inducida a su libre sexualidad desde su nacimiento, es la mediadora natural en los conflictos entre los hombres. Queremos que vuelvan nuestras diosas-putas-madres a gobernar a los machos.

Este número ha sido concebido a partir de un taller creativo en Girona por José Ribas, Toni Puig, Javier Esteban, Aurora Arenas, Juan Antonio Álvarez, Merce Moragas, Alejandro de la Rica y Conxita Flores.

Editan José Ribas, Toni Puig y Javier Esteban.

Edita AjoBlanco Editorial Multimedia SLBalmes, 166 bajos int 08008 Barcelona

miércoles, abril 05, 2006

Indiferencia

Tengo cita en una ciudad. Voy atrasada, corro al encuentro de ella y ésta me espera indiferente como una puta cara y preciosa parada en una esquina esperando encontrar al cliente que le de más. Me paseo a su lado, la miro de reojo e intento conquistarla, pero su mirada parece atravesarme como si yo fuera un fantasma de otro mundo. Después de algunas horas, decido sentarme en la vereda, encender un cigarro y comprender que no podré tenerla, ni por todo el dinero del mundo. Entonces en la vereda, desde el otro lado veo a una como yo, esperando a alguien. No me acerco, pero ésta sí me ve, y fija su mirada en mí. Entonces comprendo que quien creía me esperaba no era esa puta cara, sino esa niña curtida de la vereda. Esa niña que es como yo, pero desde el otro lado.

viernes, marzo 17, 2006

jueves, marzo 16, 2006

cinco paredes

Entre cinco paredes se encuentra mi vida. Dos de ellas el pasado y el futuro; la tercera, un pasadizo secreto hacia oscuros laberintos que conectan mundos subterráneos entre mí y otras vidas que aún desconozco, pero que desde esta plataforma intuyo, como criptas abriéndose, saliendo de la tierra al encuentro de otra vida. La cuarta pared, el presente, esa pared que dibujo, taladro, rompo o coloreo según el aire, el despertar y los pasares. La quinta, es la pared de los sueños, esa que atravieso...

todos contra uno

martes, marzo 14, 2006

bailarinas en mi mente

El señor de las corbatas

Preparando un proyecto ficticio para el barrio de Gracia, como a ninguno en el grupo se le ocurría un nombre para el proyecto, llegamos al acuerdo de que al día siguiente nos reuniríamos y cada uno tendría que llegar con al menos un nombre tentativo. Al día siguiente, media hora antes de tomar el metro para la universidad, comienzo a hacer esfuerzo mental para que se me ocurriera algo. Cuando fuerzo mi pensamiento a las ocurrencias es justamente cuando ellas no llegan y esa ley se volvía a confirmar cuando ya faltaban quince minutos. En los diez restantes y bajo presión se me ocurrió un nombre que iba de acuerdo al proyecto y que más aún, me había gustado. “Crea voz” y luego abajito “tu opinión es creación”. Y dándole vueltas a esa idea y con las acuarelas que le compré al Paki de la esquina, empecé a dibujar un logo con este nombre encerrado en un círculo y letras ovaladas, rodeadas de una serie de símbolos que daban la noción de barrio.

Llegué atrasada pero con el nombre y logo del proyecto, el cual, a falta de otras sugerencias, les mostré inmediatamente en el mesón de la cafetería, teniendo buenas críticas y pasando a ser el logo oficial del proyecto que expondríamos la semana siguiente frente al curso y dos profes. Es más, a los miembros del grupo les gustó muchísimo el diseño y me pidieron que diseñara a mano una franja con el mismo motivo para el Power Point.

Llegado el día de la disertación, repartimos a profesores y alumnos un tríptico con la propuesta del proyecto que llevaba en la portada el logo “Creavoz”. Al terminar la disertación, que a mi parecer fue bastante fluida, un profesor se empeñó en hacernos preguntas rebuscadas y a cuestionar los distintos puntos de nuestro proyecto, el que defendíamos a garras y uñas. Hasta que sus criticas llegan al logo y dice “...además, ¡Qué es esto!”, mostrando el diseño “¡Si parece el logo de una secta religiosa del siglo XIX!” “¡No puede ser este logo!” y así una sarta de críticas destructivas más que constructivas que ya me tenían con la pera tiritando y con el resto del grupo bastante ofendido y enrabiado.

Al terminar la disertación, salí de la clase directamente hacia el metro con una carcajada interior, y un discursillo interno en el que me auto convencía a mi misma, “bueno, en realidad lo hice media hora antes” y “sí, capaz que estaba bien mal hecho” Iba divagando en eso, cuando me encuentro con un grupo de compañeras, y una me comenta “Oye, pienso que al profe se le pasó un poco la mano con las críticas” y yo le respondo con una carcajada “¡Mi logo!, ¡mi amado logo ha sido comparado con una secta religiosa!. ¡Te creo que yo fuera religiosa, jajaja!” “Al menos si hubieran sido críticas constructivas, pero ni siquiera hizo sugerencias, sólo destruyó la idea” y agregué “Además, con qué autoridad Moral!!, me viene a criticar mi logo, con esas corbatas que se pone” Y las dos nos matábamos de la risa. “Jajajajaja!!!” “Sí moral, repetía mi compañera” “No se puede hacer un juicio estético con el gusto que tiene este hombre”Y así continuamos rumbo al metro comentando y riéndonos de los pormenores de la disertación, cuando vamos bajando y siento una mano en mi espalda. Me doy media vuelta y es el profe, rojo como ají cacho de cabra, y riéndose a carcajadas casi sin poder hablar. Y me dice “¡No te enfades mujer!” y yo lo miro a los ojos y le digo “¡No! ¡No me diga que..!” “Sí”, me dice el profe. “Osea, ¿escuchó todo?” “Sí”.Y yo me vuelvo del mismo color que él y atino a abrazarlo y decirle “¡Noooo!!, ¡qué vergüenza!! ¡Me muero de vergüenza!!” y los dos con una risa nerviosa y acalorados de la vergüenza. Yo le digo una última frase antes de que cada uno descendiera por escaleras distintas: “Bueno, tómeselo como una crítica constructiva”Y así, al día siguiente volví a clases y estaba el profe con la misma corbata de siempre y tratando de esquivarme la mirada, probablemente con miedo a que si nuestras miradas se cruzaban, alguna carcajada podría salir.
Al final me acerco a él y le pido disculpas, y él me dice, “No te preocupes, en realidad fui un poco duro, pero ustedes defendieron hasta las últimas y eso es muy importante a la hora de presentar un proyecto” y me dijo “Pero sí quedé con remordimientos” Y nos despedimos con un fraternal golpecito en la espalda, porque esa era su última clase. Y bueno, al menos creo que ni su corbata ni su cara se me olvidarán y que mi cara tampoco a él.

conmigo misma


Esa mañana de Ramblas, despierto en la habitación oscura, sin noción del tiempo, busco ansiosa el relojito de velador, veo la hora y todavía estoy a tiempo de meter la ropa acumulada de semanas y semanas a la lavadora y mientras, responder el cuestionario de evaluación para el profesor de las corbatas, con quien tengo la clase de la tarde.

Una vez terminado el cuestionario, con las respuestas más concisas posibles, siento que la ropa aún da vueltas de un lado a otro, con la fuerza de la función “centrífuga” de la máquina. Y como todavía me queda por lo menos un cuarto de hora, me fumo un porro y me asomo por el balcón a mirar a los gringos con camisetas azules del Chelsea quienes junto a sus infaltables galones de cerveza, gritan extraños himnos, eruptando y tomándose invasoramente el paseo (tipo paseo Huérfanos de Santiago, pero con otra fauna como se imaginarán).

La máquina se ha silenciado hace ya varios minutos y yo ni me he percatado, distraída mirando a los gringos y a esa abuela catalana del Barsa que con las manos les hace señales de insultos y les enseña su culo ancestral. Continuando mi misión doméstica, lleno el carrito de prendas húmedas y me dirijo a la lavandería del Raval, para terminar de secar esa ropa en las secadoras industriales, porque en estos días de invierno no hay posibilidad de colgar la ropa a secar en el balcón, bueno, y en verano tampoco porque supuestamente está prohibido mostrar conductas tercermundistas, es decir, colgar las pilchas ventana afuera en un paseo tan cosmopolita e internacional como el de las Ramblas de Barcelona (se trata de las polémicas “Leyes cívicas”). Paradójicamente, desde las mismas Ramblas, nace la calle Sant Pau, que da inicio al barrio del Raval, donde ya comienzan a divisarse los rasgos de espacios urbanos como imagino hay tantos en el mundo, con las ropas colgando ventana afuera, inmigrantes, prostitutas ofreciendo servicios las 24 horas, yonkis, algún que otro quiltro (aunque son muy escasos por estos lados), y de vez en cuando una posa sospechosa con restos de verduritas o jugos gástricos. En fin, camino por ahí con mi carrito hacia la secadora automática del Raval, que funciona metiendo una monedita por cada diez minutos y en la espera, un pucho, sapear a los transeúntes o quizás caminar por los alrededores, pero nunca alejándose tanto para estar pendiente de la ropa y el carrito, que podrían desaparecer en un dos por tres por un mínimo de distracción. Meto la primera moneda y me siento en la cuneta con un cigarrito para esperar. A los diez minutos introduzco mi mano en la secadora y la ropa sigue igual de húmeda, entonces meto tres monedas más y sigo esperando. Cuando ya voy en los cinco minutos de espera, la calle me tienta en exceso. Esa torre vieja de piedra, los skaters que pasan soplados por media calle, o esa anciana islámica media coja que me pega una mirada tan profunda para después continuar su camino. O esa otra mujer, ya de edad, de pelos rojos disparatados y sus dientes todos quebrados que camina de pies abiertos gritando calle afuera, como si alguien la estuviera persiguiendo.

Esa y otras situaciones me van alejando de la lavandería y ya me encuentro frente al patio trasero de lo que fue una iglesia o templo antiquísimo, todo enrejado como un zoológico y dentro algunos sillones viejos, cuerdas colgando de árboles y un gato. Luego, otro gato durmiendo bajo un de los sillones y unos gatitos pequeños escondidos tras la rama del árbol. Dos gatos más entre las cuerdas, y así un sinfín de felinos que van apareciendo y multiplicándose con mi mirada. Es como una casa ocupa felina, donde los gatos bien alimentados, sanos y felices comparten su espacio y se acicalan fraternalmente, claro gracias a quien se encargó de dejar ese tremendo posillo con comida, otro con agua e incluso una serie de cuerdas y juegos didácticos para que ejerciten sus garras en un lugar donde en la mayoría de los casos les sirven de adorno. A lo lejos veo un grafiti, donde sale pintado un enorme y gordo ratón vestido con motivos de la bandera de Estados unidos, y escrito algo así como “a los hermanos del norte no les damos la mano” Y así comienzan a aparecer una serie de grafitis en muros de edificios prácticamente abandonados y prendo otro cigarro y sigo caminando cuando... “¡chuuu!!, la ropa.” y me vuelvo rápidamente a la lavandería y el carro y la ropa intactos, dando vueltas, vueltas y vueltas. Entonces dejo mi mochila en el mesón y me lamento de no haber traído esa novelita que me estoy leyendo que no está nada de mal. Sigo esperando y se me ocurre subir a mi antiguo piso para saludar a mis ex compañeros, pero el carrito me estorba, entonces me siento a leer los carteles de instrucciones para las lavadoras en español y catalán y el “sonría que lo estamos filmando”.

Cuando la ropa ya está seca, me instalo en el mesón a doblar prenda por prenda, sorprendida y orgullosa de una minuciosidad nueva en mí.Meto la ropa dobladita en el carro y vuelvo a la casa, con bastante hambre, pero apenas entro, en la sala principal están los amigos mexicanos sentados conversando animadamente, entonces dejo el carro en la entrada y me echo en el sillón a “huevonear”, como dicen ellos. Cuando me dan ganas de fumar nuevamente y comienzo a buscar mi mochila que no está en la sala. “¡Bah! qué raro, la debo haber dejado en la pieza” “¡tampoco!!”Y así comienza un ardua e inútil búsqueda hasta que comprendo que con mi entusiasmo y minuciosidad textil he dejado mi mochila en la lavandería y ya ha pasado al menos una hora desde ese momento. Vuelvo al Raval ya sin esperanzas de recuperarla, y efectivamente no hay nadie, sólo una señora ecuatoriana que me dice que ni rastro de mi mochila negra había visto.

Me vuelvo a la casa, con un sentimiento neutro, es decir, ni angustiada ni contenta. Me siento en el salón y por un minuto pienso en todos los objetos de “no valor” que guardaba adentro, como ese block entero rallado con frasecitas y dibujos, o ese pañuelo viejo que guardaba como reliquia hace ya tanto tiempo y para qué decir la misma mochila, ya sin cierre y toda destartalada que nunca había querido botar. En una segunda reacción, pienso en los objetos “de valor” que guardaba adentro, como tarjeta del banco de chile, 50 euros, celular, apuntes de la universidad, es decir, la vida se me podría haber desvanecido en esos segundos, pero ¡no! Experta en pérdidas riesgosas, tomo el teléfono y marco al banco para bloquear tarjeta. ¡Y listo! pero ahora salgo por las calles y siento que me falta algo, porque no tengo nada que llevar, ni siquiera llaves de la casa, sólo a mí misma. Luego, nuevamente cambio de casa, arriba, cerca de sagrada familia y sin teléfono ni plata, ni block para rallar solo me abrazo a mí misma, es que me quiero tanto y si me dan ganas de salir o ubicar a alguien, supongo que tengo que ir directamente a tocarle su puerta.Esa misma billetera que rescaté de las líneas eléctricas del metro de Santiago y del estanque del water de una fiesta en Matta con Rosa, fue dejada junto a mi mochila voluntariamente en el Raval.

A quien la haya encontrado, espero se haya tomado o fumado o comido esos euritos, que le haya cocido el cierre y si es árabe, el pañuelo le sirva para tapar la cabeza de su mujer.

martes, marzo 07, 2006

martes, febrero 28, 2006

lunes, febrero 06, 2006

canción del eco



Busco despavorida el eco
que en aquel tiempo me devolvía el viento;
eco susurrante que se mecía en mi oído
Y lágrimas dulces derramaba de mis ojos.

Busco el eco aterrada,
por temor a no volver a hallarlo;
ese eco de voces subterráneas,
de vida de astros y leyendas

Una tarde mis oídos se vuelven sordos,
presos de la miseria del mundo
y el eco que todo lo poblaba
habitante entre tú y yo,
entre galaxia y galaxia
incluso entre silencio y silencio
me ha abandonado

Y mi cuerpo, huesos vacíos
Y mi alma, vino desbordado
mi alma de vino ya no va a su encuentro
Y esos ecos de astros y leyendas
me abrazan para arrojarme
dejando escombros de mis huesos por el mundo

Y que no quepa duda del engaño
quien alguna vez creyó amar mis huesos,
mi piel, mis ojos y mi voz
ha amado a quien ya no existe

Alma de vino
inundada de pena,

alma en pena que busca eco de esas voces subterráneas,
de astros y leyendas
y quizás los busca porque alguna vez,
un tiempo infinito atrás
esa fue su voz extirpada

viernes, febrero 03, 2006

La Señora

No toque la puerta, vieja
que ya son casi las seis
Esta pieza sin ventanas
No quiere sol ¿lo ve?

¿Qué es lo que usted viene ahora
a pedirme de madrugada?
Querrá entrar a la gata
¿qué es lo que le entra en ganas?

Yo se que esta casa enorme
la vio nacer y morir
Pero pido no me estorbe
este placentero dormir

Señora yo le prometo
Oírla un buen rato
Pero no intente meterse
A mi casa con ese gato

El avión por poco se estrella
Y vengo desde muy lejos
”el que descansar quiera
Que se tumbe como un viejo”

Son palabras de la niña
Que me recibió esta mañana
“Si quieres duermes conmigo
Si no te vuelves de España”

Así durmiendo en su cama
Oía nerviosos golpes
De la vieja solitaria
Que avivar quería el boche

Y a la niña le pregunto:
-¿y quién es esta señora?
-solo es una vieja loca
que se siente muy sola.

-Y porqué no abrirle si toca?
¿Si solo oídos quiere?
-es que ella inventa historias
y molesta cuando puede

-busca pretextos falsos
para joderme la vida.
Me dice la niña fría
mirando hacia otro lado”

-Que no entren extraños!
,se me acabó el lavalozas
no enjuagaste el lavablo”
me dice bien caprichosa.

-¿Será porque vive sola?
Sin nietos ni sobrinitos
será que es un pretexto
Sólo para hablar contigo?

Cuando salga de esta pieza
y escuche sus fuertes golpes
la puerta le abriré
para ver cuál es su boche.

Quizás una buena historia
Tendrá ella para contarme
y yo saber de su vida,
de esos tiempos de antes.

De brújulas y gatos
que a este puerto han venido,
historias de amores muertos
o largas noches con vino.

lunes, enero 30, 2006

Ningún lugar está aquí o ahí

Ningún lugar está aquí o está ahí
Todo lugar es proyectado desde adentro
Todo lugar es superpuesto en el espacio
Ahora estoy echando un lugar para afuera
estoy tratando de ponerlo encima de ahí
encima del espacio donde no estás
a ver si de tanto hacer fuerza
si de tanto hacer fuerza
te apareces ahí sonriente otra vez
Aparécete ahí aparécete sin miedo
y desde afuera avanza hacia aquí
y haz harta fuerza harta fuerza
a ver si yo me aparezco otra vez
si aparezco otra vez
si reaparecemos los dos tomados de la mano
en el espacio donde coinciden todos nuestros lugares

Esta vez habla Oscar Hahn, uno de los grandes de la poesía chileno, quien fue profesor mío durante un semestre.
Porque estoy lejos y mi imaginación está proyectando hacia afuera a quienes han ido a mi lado, es que este poema ha rondado aquí dentro.

sábado, enero 21, 2006

La luna y sus lunicidades



Quiero cantar esta noche. La ventana ancha se abre y deja entrar al generoso brazo de la luna, el que se despliega lentamente, llevándose mis penas ventana afuera. Se las guarda consigo y las arrulla con silenciosas canciones para devolverlas con esa cálida luz que en las noches va envolviendo mis pasos, cuidando que nada en mi entorno se oscurezca. Todos quienes se me van acercando, toman color de luna, transformándose en lunáticos, lunatizados por mis penas que ésta devuelve en una tenue plegaria. Pero mis penas no son amargas, si la luna se las quiere llevar con su brazo para arrullarlas, es por su dulzura, como la de un niño huérfano que no sabe a dónde ir. Sólo esperan a ser llevadas, y alumbrar los rostros silenciosos de quienes pasean por mi acera. Ella entra por mi ventana, con su brazo de luz y yo suspiro y ya estás tú.

jueves, enero 19, 2006

Canción desde Sitges, dedicada a todos los artistas...


Una mesa de tres patas
no se puede sostener.
Las copas y cigarillos
están a punto de caer.

Pero una cuarta pata
llega sola a contener,
un suntuoso banquete
de caviares y baguettes

En el borde de la mesa
un vaso de agua solo llora
porque nadie lo coge
porque nadie lo añora

Los hombres hambrientos
sólo toman lo del centro
y de tanto comer
se ponen sedientos.

El agua está presente
aunque nadie la ve
y es el único remedio
para acabar con su sed

Los hombres saciados
derraman gotas de sudor,
es que al agua no han visto
¡y esa es su solución!

De pronto llega Tulia,
Renata, Silvia e Isabel
y todas cogen el vaso
que nadie quiere beber.

Es que en esa gran mesa
los hombres no quieren ver
que en el borde se encuentra el agua
que podrá apagar su sed.

El centro y la perisferia,
es un tema de poder
El pueblo en las aceras
sus historias y su haber,

son el agua del banquete
que invisible a veces llora,
pero son el alimento
que este mundo tanto añora

**Este es una pequeña canción improvisada en el pueblo de Sitges -a media hora de Barcelona-, el último verso puede ser sujeto a modificaciones...

viernes, diciembre 02, 2005

La nave vertical

Abandono la salida del departamento con una profunda inhalación, la reserva de aire imprescindible antes de tener que compartirlo cara a cara con cientos de desconocidos que te rosan, suspiran y expiran tu rostro. El olor a mañana no es sino ese fuerte olor a cama camuflado por una nauseabunda agua colonia o jabón y a lo largo y ancho del vagón se pasea este asfixiante olor entre los milímetros que separan mi cara de la de otro.

Cuando se libera la puerta, todos queremos acaparar espacio en el subterráneo y luego en la calle, donde la lucha se ha desplazado hacia el bando de piernas y ruedas. Llevo 10 minutos de atraso y pienso que debe haber sido la culpa de ese caballero campante que se puso delante de mí en la fila. Acelero el paso, camino por el cemento bordeando el río, hasta entrar al impecable y pulcro edificio de 20 pisos donde en el 12 se encuentra el cubículo que me recibe mañana a mañana. El ascensor es lo mismo que el metro pero en versión vertical, todos se empujan y se moldean en su interior para hacerse caber y se detiene en cada estación o piso hasta detenerse en el programado, desde donde salgo disparada como muñeco de cuerda hasta mi puesto.

El guardia me saluda de manera especial diciéndome:
-Vállase a la casa -mientras me envuelve con uno de sus brazos en un gesto fraternal.
-Ya pues, si usted lo dice... -le respondo con una levantada de cejas, como siguiéndole el jueguito y me dirijo rápidamente a mi lugar intentando que esos 20 minutos pasen desapercibidos. Pero en lugar de la silla y el computador, me encuentro con mi cubículo cubierto de plásticos y diarios y el techo desprendido.
-Su puesto se ha inundado, todo se ha mojado, incluso el computador y ese panel de arriba. ¿Se fija que también es desmontable? -me dice el mismo guardia señalándome el techo mientras yo le respondo con una mirada risueña de incredulidad.
-Veremos si se puede recuperar algo, señorita, tendrá que esperar que llegue el encargado de sistemas, mientras le recomiendo se tome un café.

En vez del café opto por caminar en línea recta por el interminable pasillo de paneles y al llegar al puesto de la secretaria, dar media vuelta y hacer el mismo tramo de regreso. Mientras, pienso..., no en el computador, ni en la absurda situación de que el techo se haya caído sobre el minúsculo rincón de mi cubículo, tampoco en todos los archivos y programas que en esos momentos se ahogan con las gotas de ese aire condicionado convertido en agua.Observo mis pies mientras camino y pienso en la variedad de suelos absurdos sobre los que éstos han andado. Miro ventana afuera y me imagino la vida real, preguntándome ¿qué es esta nave de 20 pisos flotando en el valle de Santiago?, ¿en el poto del mundo? ¿en un planeta que es una punta de alfiler en el universo? y me imagino esas películas de ciencia ficción que veía mi papá las noches de domingo, que medio desintonizadas mostraban una enorme nave, algo así como una torre capitalista, pero desplazándose horizontalmente hacia algún lugar desconocido, cuyo destino estaba programado por un personaje negro, solitario y atormentado por sus complejos. Al que los niños identificábamos como "el malo".

Luego de tres recorridos por ese pasillo, vuelvo a mi puesto o lo que de él ha quedado y todos los tripulantes se encuentran a su alrededor.
-Fue el aire acondicionado -dicen algunos apuntando ese misterioso agujero vacío con uno que otro tubo medio sospechoso.Otros se ríen y echan bromas del tipo:
-Ésto parece una oficina, de esas de paneles y cubiculos desmontables.

Pero si esto es en realidad una oficina ¿o no?, ¿Por qué tendría que parecer oficina si simplemente lo es?, pienso, mientras desconcertada emprendo el mismo recorrido anterior.

-O estudio del Chapulín Colorado, -recita otro a lo lejos atrayendo una ola de carcajadas sobre sí.
-Nos llevaremos el equipo, es probable que haya perdido todo lo que esté en su interior, pero en cualquier caso intentaremos extrer el disco duro.

"En cualquier caso"..., me queda esa última frase rondando en mi cabeza y realmente comienzo a dudar si ésto es una oficina o una gran nave cuyos tripulantes ignoran el verdadero objetivo. Una nave que se desplaza lentamente por el universo, con un movimiento imperceptible para quienes la abordan, así como el cotidiano moviento de rotación. ¿Alguién se dará cuenta que esta es una gran nave? y si existe tal ¿se habrá imaginado hacia donde se dirige este enorme pedazo de concreto y aluminio?

Al regresar por tercera vez a mi puesto, ya no está mi equipo. Todo se encuentra cubierto de diarios, la gente todavía alrededor conversando, y yo no dejo ni un minuto de pensar si aquellos que me rodean se han preguntado alguna vez, hacia dónde se dirige esta gran nave, cuál es su misión oculta. Sólo algunos de sus tripulantes, quienes sospechan con cada vez mayor intensidad que ésta nos está llevando a algún lugar fuera de lo real -donde no hay diferencia entre día y noche, entre frío y calor- , desean abandonarla. Y yo miro por la ventana y me río junto a todos de ese agujero absurdo sobre mi cabeza, pero nadie siquiera sospecha que ese agujero lleva mis pensamientos hasta lugares infinitos, por los túneles y laberintos más recónditos de la nave. Y en mi mente una luz se enciende, y mi corazón fuerza sus latidos, es que acabo de encontrar la salida. Por ese agujero podré escapar, y éste está sobre mi cabeza. Mi mente debe echarse a volar y si no puede viajar por los aires, ni ver el sol, tendrá que viajar por túneles y laberintos, de cualquier modo viajando, siempre desplazándose, hacia donde ella misma quiere llegar, no hacia donde ese personaje oscuro de complejos y soledad, quiere a todo el resto.

martes, noviembre 08, 2005

Entre libros y chantás de micros


El trayecto diario entre mi casa y la pega es por la micro que tomo en Macul y que sigue derechito por los Leones. Como en horas de trabajo no puedo leer y en la bicicleta menos, decidí aprovechar mi tiempo lectivo durante el trayecto en la micro. La primera semana no pude ni abrir las "Crónicas Marcianas" de Bradbury de toda la gente que me estaba apretujando, era como un poco invasivo abrir un libro entre tantas manos, cabezas y caras rozándose y empujándose constantemente. Y cuando vi que pasaban los días y que el libro permanecía intacto, una mañana, decidí aventurarme.

Con la mano derecha saqué el libro de la mochila, mientras con la izquierda me sostenía de la barra y con los dientes intentaba correr el cierre de la mochila. Todo resultó perfecto hasta que lo abrí y cuando logré sumergirme en la historia de la primera invasión a marte, la micro se pegó una chantá y esas páginas cayeron entre los zapatos matutinos y yo sobre el oficinista de al lado. Pero como un intento no fue suficiente, mi bicicleta quedó rezagada al calabozo y opté por transportarme junto a la humanidad con el beneficio de que ahora puedo abrir -aunque sea entre manotazos y tambaleos- un librito en mi media hora de trayecto. En ese espacio temporal he pasado por los más diversos autores que me han hecho una bipolar en materia de elección literaria, aunque curiosamente entre las novelas que me han tocado hay mucho en común. Producto del azar o del misterio, todas las novelitas que mis ojos y mi imaginación han recorrido en las micros Macul-Los Leones, tratan de personajes solitarios, andando por la vida en el presente y maravillándose de las sorpresitas agradables o desagradables que ésta trae, en fin, seres humildes que gozan de la vida misma, sin grandes metas ni ambiciones, porque al ser personajes marginales no se pueden dar el lujo de aspirar a tan ambiciosas metas, sino que se van por el lado de la vida en sí, de hacer de ésta un curioso dibujo.

Estos son algunos de los personajes que hacen historia (y mito para algunos)en sus propias vidas:

XX en "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga
El mascarita en "El Hablador" de Vargas Llosa
Ray en "Los vagabundos del Dharma" de Kerouac
Hildelbrando del Carmen en "Himno de un ángel parado en una pata" de Hernán Rivera Letelier
Rey en "El rey de la Habana" de Pedro Juan Gutierrez

Estas novelas han sido leídas entre empujones, codazos, bruscas chantadas, correr de monedas, estornudos y una que otra mirada por la ventana. Por estas historias la bicicleta de cascabel ha quedado relegada al calabozo, porque he encontrado entre cada uno de esos personajes y yo algo en común: eso del presente, de nos saber qué te espera, de avanzar despierto y sorprendido.

Por eso me refiero al azar, porque ninguna de estas novelas han sido escogidas a conciencia por mí, sino que simplemente han llegado a mis manos, las he encontrado por ahí guardadas, tiradas donde mi hermana, o simplemente me he hallado en alguna casa ajena hojeándolas para matar el tiempo, hasta quedar en calidad de objeto prestado.Y bas! todas me salen con el mismo tema, si los libros tienen algo muy mágico, aparte de lo que contienen siempre hay una historia para un libro.

martes, octubre 11, 2005

Expectativas

Es curioso cómo la mente de uno es capaz de montar todo un paisaje fantasioso a partir de una "expectativa", palabra que en gran parte de los casos puede pasar por sinónimo de ilusión o sueño. Hay veces en que las expectativas coinciden en cierto grado con la realidad, pero la mayoría de las veces no y uno es bien terco en comprender que a veces es mejor no hacerse ninguna expectativa y vivir esa situación, conversar con esa persona o leer esa novela sin tanto juicio previo. Otra cosa es disfrutar de la expectativa misma, saborearla y vivirla como un maravilloso sueño sin medir la realidad en relación a ella.

En fin, creo que varios podemos coincidir que desilucionarse en base a una expectativa muy alta es jodido y nos pasa todo el tiempo, con los detalles más cotidianos.

Conseguí unos honguitos para el fin de semana, hongos mágicos que me harían tener un precioso viaje con la naturaleza, transformarme en un ente capturado entre las ramas de los árboles y el cemento de la ciudad. Llegaron a mis manos, los cuidé y conservé durante la semana para el esperado día en que partiríamos cerro arriba. En una roca a los pies de las montañas que rodean Santiago nos comimos esos pedacitos de hongos mezclados con tierra que parecían pedacitos de barro negro con un dejo a sabor a champiñón. Cada uno comió su pequeña porción y comenzamos a subir el cerro, caminando por una preciosa cuesta medio desértica llena de flores silvestre, como un desierto florido con toda la ciudad a sus pies. Paisaje que nos llevaría a desplazarnos como duendes y encontrarnos en un mundo perfecto, sin el juego del tiempo. Pasó la primera hora y disfrutábamos inmensamente del paisaje, pero seguíamos igual que siempre, y así comenzó a pasar la tarde y nada fuera de lo común, el tiempo seguía marcando su paso. Entonces seguimos montaña arriba y nos tiramos en una loma llena de flores a mirar el paisaje y sentir el viento, y sí, la sensación era alucinante, el lugar lo era, pero éramos nosotros como en un día cualquiera, y los honguitos ná que ná. Entonces nos resignamos y seguimos nuestra caminata ahora confiando en los poderes naturales de nuestra mente, los que sin ayuda de ninguna planta mágica y con bastante inspiración y concentración se pueden echar a andar. Y luchamos contra el calor, caminamos y nos insolamos hasta bajar a la ciudad por el veraniego Fanshop en la plaza y luego resignarnos más aún a la urbe y meternos en una sala de cine a ver la película menos indicada para una tarde llena de expectativas no cumplidas -"La caída"-, bueno, pero el fanshop estuvo bien refrescante y esa lomita en el cerro, uff, deliciosa.

martes, octubre 04, 2005

Vamos andando


Caminaba sin parar, mis pies recorrían ciudades, bosques, pastizales, desiertos y pantanos. Mi mente abierta a los escenarios que me iban encontrando, como los Queltehues que quisieron atacarme con su filuda garra o el simpático camionero que me convidó la mitad de su marraqueta. Más al norte, la selva pantanosa intentó capturarme, detener mi incansable paso, pero no lo consiguió, un pedazo de liana se desprendió para sacarme de allí y permitir que éste continuara. Comencé en el sur, ya voy en el centro, al parecer me dirijo hacia el norte, pero si llegase ahí, tendría que volverme al sur. No puedo detenerme, solo lo hago algunas horas por las noches para guardar energías en espera del camino de mañana, para seguir recorriendo, infinitamente, el mundo.

A lo lejos siento un ruido conocido, me suena como a teclado de computador, es una sola tecla detenida en el tiempo. Despego los ojos y me encuentro en un escenario completamente diferente, acaparado por una pantalla que atrae mi vista demoníacamente. A mi alrededor los paneles y teclados lejanos de otros computadores, algunos teléfonos sonando y voces hablando al mismo tiempo. Los paisajes recorridos por mi caminar indetenible han desaparecido, ahora estoy sentada, detenida con mi mente obligada por la pantalla, a ratos recuerdo ese sueño cuando veo los cerros por la ventana y me imagino que a pies agigantados recorro de loma a loma a cada paso.

Sentada, inmóvil, mi mente recuerda y proyecta lo que ha de venir (con un optimismo que no está nada de mal) Intenta abrir entre tecla y tecla, entre panel y panel, un espacio de viaje y movimiento. En el lugar menos seductor de esta torre encuentra su sueño nómade.

Cerré las última página de "El Hablador", una novela de Vargas Llosa sobre la tribu amazónica de los Machiguengas, su mitología y su tradición oral. Los Machiguengas deben andar sin parar, caminar por la selva y la sierra sin detenerse, porque al detenerse el sol se cae y el orden cósmico se desarma. Así como los aztecas debían sacrificar a sus hombre para que su sangre alimentara el movimiento de los astros.

Me pregunto si realmente el hombre es un ser sedentario por naturaleza -como nos han hecho creer desde el primer día de vida- que nace para en algún momento establecerse, echar raíces, asentarse en su tierra. O si somos nómades, viajeros del tiempo y el espacio, que si no lo es nuestro cuerpo que siempre busca desplazamiento y está en constante movimiento desde su más ínfima molécula, lo es nuestra mente, capaz de desplazarse por los lugares más insólitos, de crear e interpretar mundos, de viajar por los más peligrosos y seductores paisajes. Yo apuesto por lo segundo, que no hay que dejar de caminar, que la noción de sedentarismo, de fin último, de estaticidad es solo una ilusión. El hombre necesita inventarse esta suerte de paraíso estático donde descansar y detenerse, pero el mundo, el universo y la sangre está en constante movimiento, ¿cómo tanta soberbia de intentar detenerlo y generar conceptos estáticos? es como esas frases que uno oye de "Ella siempre ha sido así" o "todos los ingenieros son cuadrados" o "la felicidad te espera detrás de esa puerta" o "te quemarás en el infierno2. Como si se tratara de espacios detenidos e inamovibles. Si sabemos que hasta la más sólida roca se compone de moléculas en movimiento.

Sentada aquí, frente a este teclado y la "rutina", pienso que debo partir, abrir las páginas de "Los vagabundos del Dharma" y echarme a viajar por lugares desconocidos. Si no, viene la putrefacción, el pozo estancado, el templo de la descomopsición, la depresión y el descontento de tantos hombres-fantasmas asentados a nuestro alrededor. Por eso, cuando creemos que el mundo está por acabarse, que un juicio nos llevó a una profunda desilución o que una ley científica ha desplazado alguno de nuestros sueños, hay que alertarse y creer en el movimiento, donde todo es posible, donde lo que ahora está arriba después estará abajo. Y en ese andar vamos descubriendo, que la vida es una insólita obra de arte, que nos descoloca, conduciéndonos por lugares secretos -porque solo nosotros los estamos conociendo-, que no estamos para detenernos ni conformarnos con las respuestas que nos dan a nuestro alrededor, que estamos para explorar y eso es existir.