domingo, mayo 13, 2007

El idiota

Últimamente me he estado devorando "El Idiota" de Dostoievsky. Es la historia del príncipe Mishkin, un joven epiléptico y huérfano, marginado de la sociedad rusa y criado en un pueblito suizo. La historia se desarrolla desde la llegada de este hombre/niño, sensible y transparente a la sociedad de San Petersburgo de mediados del s. XIX. Una sociedad donde los títulos de nobleza, el dinero y el éxito social predominan. El príncipe, llega solo con una maleta y un viejo traje a casa de un renombrado general, a raíz del cual empieza a relacionarse con personas corrompidas y materialistas; impulsivas y seductoras. El es un idiota a ojos de esa sociedad, pero a ojos del lector se trata de una persona muy sabia, coherente y sensible. El clásico juego de las novelas de Dostoievsky, que nos lleva a a sospechar de lo establecido y de valores que un determinado mundo ve como incuestionables. Hay quienes nos preguntamos y sospechamos de lo que se nos ofrece como verdad absoluta, como un príncipe Mishkin cualquiera. Y no es nada sencillo, a ratos tenemos que pagar el precio de la humillación o pasar por desadaptados o incomprendidos solo para que cierto verdugo no enferme de frustración y para que el mundo siga girando, con su soberbia incluída.
Me pregunto ¿qué sería de este mundo sin los "idiotas"? ¿qué pasaría si nos creyéramos todo lo que se instala frente a nuestros sentidos?, ¿si nos convenciera lo que hablan los periódicos y lo que dicta el último grito de la moda?, ¿si aceptáramos como verdad absoluta el discurso de ese político que parece tan convencido de lo que dice?, ¿o si nos creyéramos los juicios, cualquiera que estos sean, sobre nuestra persona?
Recorriendo estas páginas, me pregunto qué tan idiota soy. Me imagino que casi cualquiera que lea esta novela se sentirá identificado con el príncipe idiota; una de las virtudes de la narrativa de Dostoievsky. Sin embargo, no son muchas las que realmente lo son. Desde el punto de vista de esta novela, que me nombraran idiota sería un verdadero halago, porque se trata de alguien que tiene que ir contra la corriente para no contradecirse, un verdadero héroe.
El otro día conocí a un dibujante que me enseñó uno de sus dibujos; diferente al concepto que suelo tener de un dibujo. El se imaginaba espacios en la ciudad y los desarrollaba hasta que parecieran lo más real posibles. Luego, como una cámara objetiva, la imágen se acercaba abarcando todo el volúmen del dibujo (en 3D) que parecía estar saliéndose de la pantalla del ordenador. En este caso, se trataba de un edificio solitario, flotando en un enorme campo de pasto, y con un árbol que se reflejaba como en un espejo.
Minutos después, la conversación se desvió hacia el príncipe Mishkin y comencé a hablarle de este curioso personaje. No comprendía el motivo que me llevó a hablarle del idiota, pero luego se me vino la imagen de su dibujo e imaginé que los personajes de Dostoievsky y el príncipe en particular, están desarrollados de manera tal que puedes conocer sus fortalezas y flaquezas, lo que te permite comprenderlos (y amarlos) como su propio creador. Se trata de personajes tridimensionales y de una sensibilidad especial para percibir al otro: ¿te veo como un dibujo plano o con todas tus dimensiones y contradicciones? ¿soy capaz de sacarte de tu contexto y no juzgarte por lo que me enseñas ahi parado frente a mí?

Las personas tenemos varias dimensiones o perspectivas de nosotros mismos. Recuerdo una novelita de Pirandello llamada algo así como "Uno, ninguno y cien mil" que te enseña las diferentes facetas que puede tener una persona. Nosotros somos muchos a la vez: la imagen que me devuelve el espejo un día tal, cómo me ve el vendedor de la esquina o mi pareja. Pero sería diferente si fuéramos capaces de ver al otro en sus diferentes dimensiones, como un volúmen más que como una imagen plana.

De alguna manera, como están las cosas hoy en día (ni siquiera es necesario entrar en detalles) ser idiota, así como el príncipe mishkin, no solo es ser un artista incomprendido, sino alguien capaz de sospechar de lo que la realidad le está ofreciendo, aceptar esa sospecha y dudar de los discursos e imágenes que se te imponen. La única certeza que tengo viene de las imágenes que crea mi mente y de darle una oportunidad al otro como una compleja figura tridimensional, así como ese dibujo que me enseñó mi amigo o como un personaje de Dostoievsky.

jueves, mayo 10, 2007

El rey del país de barro


Esta imagen está fuera y dentro de mí.

martes, mayo 01, 2007

El triste corazón de Londres

Salí de esta ciudad y me trasladé a Londres por cinco días a visitar a mi amiga Ema, quien estuvo un año en Chile compartiendo casa, puchos, tés con leche y eternas conversas conmigo (de esas transversales, que van de un tema a otro sin cansarse) . Pensé que llegando a esta ciudad desconocida, me alejaría de todas las ansiedades que te puede provocar una ciudad como Barcelona; pequeña, densa, turística, dinámica y donde el aire a veces se estanca y no hay donde echarse más que entre los pasos rápidos de la gente o mirando el caldo del mediterráneo e imaginando el enorme y cansado continente que está del otro lado.

Me habían dicho que Londres era una ciudad difícil, claro, me imagino que lo es para los que intentan armarse una vida allá, lo cual no es solo conseguir trabajo, sino que también entrar en el mundillo de sus habitantes. Durante los días que estuve allí, en el barrio de bethnal green, me impresionó la calidad de vida de sus habitantes: enormes parques (con lagos y cisnes), limpieza absoluta de sus calles, identidad de barrio y los famosos pubs, donde se reúnen todas las generaciones, colores y tendencias del barrio a cualquier hora para compartir unos pints (chelas), algo de música y las anécdotas de la jornada laboral. Pero cuando caminaba por el barrio o por el centro, aunque siempre hay muchas atracciones para visitar, una nube densa parecía atraversarme y tocar mis fibras más sensibles. Este aire, a ratos obscuro se colaba por mi piel para invadir algún lugar cerca de mi garganta, que me hacía recordar imágenes que tragaba con espesura; lo que el pasado te devuelve cuando uno camina sola dentro de una nube. No sé porqué esta ciudad más que el presente, me hizo invocar el pasado.

Así, en medio del British museum, entre las cerámicas chinas, me vino un sentimiento melancólico muy fuerte, aún no comprendo bien el motivo, pero me sentía ajena a esas vitrinas, más allá de lo que ellas mostraban. Me imaginaba que esos preciosos budas, manuscritos y jarrones no pertenecían a ese lugar y yo tampoco. Lo mismo me pasó con todas las obras de arte que vi en los museos y no sólo en el British (de historia antigua), sino también en la National Gallery, donde las pinturas me parecían encarceladas, al igual que yo entre sus paredes y en esa gran ciudad (sentí una complicidad secreta entre yo y Chagall). En la Tate Gallery, hasta el retrete de Duchamp me parecía un prisionero, pero Duchamp al menos se jactaba de eso. Sentí que esta ciudad era una gran vitrina y que si el mundo fuera así, yo me encontraría en el escaparate equivocado. Incluso en el parque del barrio sentí eso y lo único que saqué en limpio es que no sé bien de dónde soy pero cuando llego a un lugar que no me pertenece me queda clarísimo de dónde no soy.

Mi mirada cambió un poco en estos días. Me sentí como el retrete de Duchamp queriendo volver al baño público o como las meninas de Velázquez al palacio de la corte (aunque las meninas no están en Londres, en fin) Mi mirada cambió y me dolía hasta el pecho, a pesar de todos los pints, conversas y amigos que tuve cerca.

En limpio pude sacar que es una ciudad que sufre de una enfermedad oculta, que corre con el aire denso. Es hermosa y casi perfecta, eso no lo niego, pero ahi me sentí en el corazón del mundo occidental, y pude sentir que ese corazón latía lento y cansado, al igual que el mío allí.

chiloé en londres


Encontré este dibujo de ema y flor en Chiloé. Apareció en un lugar muy lejos de la isla y de mí y en ese momento me sentí como náufraga de esos colores y trazos; en otra isla enorme llamada inglaterra.


salud!


lunes, abril 23, 2007

miércoles, abril 11, 2007

Dos fantasmas: Dalí y Borges

Dos fantasmas se me han aparecido estos últimos dias. Ustedes ya los conocen, probablemente han sido visitados por alguno de ellos. Parte de ellos esta viva, pues se trata de conquistadores del tiempo y del espacio, seres a los que el mundo y sus leyes no les fueron suficientes y tuvieron que reinventarlo y recrearlo. Nada menos que dioses terrestres o hijos de dioses con humanos. Me refiero a un genio y a un sabio, ambos empuñaron su daga y la clavaron en el mundo, un puñal que aún no ha sido removido y el día en que lo sea, su marca quedará para siempre en el inconsciente colectivo de nuestra especie. Me refiero nada menos que a Dalí y a Borges. Dalí el genio; Borges, el sabio.

Parece muy fácil largarse a escribir sobre dos artistas (creo que Borges se ajusta más a un sabio pensador o a un viejo astrónomo reencarnado, que a un artista. Como aquellos pensadores que encontramos en esos libros empolvados y que se daban por extinguidos, menuda sorpresa al descubrirlo) de los que se ha escrito de todo y de los que se seguirá escribiendo hasta que el curso del tiempo desintegre esas páginas o destruya esas telas. Ni aun así; la tradicion oral seguirá recordando sus obras y luego serán reescritos por profetas en calidad de personajes míticos, de héroes del arte y del pensamiento humano.

Lo que me inquietó esta vez fueron las personas que hay detrás de esa obra. Poco se sabe de Borges, más reservado y volcado exclusivamente a las palabras y muchísimo se sabe de Dalí, quien en algún momento nos ha a llevado a confundir su persona con su obra y a dudar si su persona es una creación más de él mismo (como él mismo dijo en más de una ocasión).

Anoche tuve la suerte de ver una entrevista en "A fondo" que le hicieron a Borges cuando el franquismo estaba en su cúspide en España. Independiente de la estética del programa y de la excesiva formalidad del entrevistador, me sorprendió mucho ver por primera vez a Borges durante más de una hora hablando de su vida y de su obra. Un tipo que con la mirada perdida (probablemente en alguno de sus universos), nos acercó a su infancia de ratón de biblioteca, donde devoró todos los libros que sus bracitos de niño alcanzaron en las infinitas estanterías. Allí se encontró por casualidad con el Quijote, con las mil y una noches, con viejos mitos escandinavos y literaturas de todas partes del mundo. Pero lo que más llamó mi atención, es que Borges se mostró como aquel personaje de sus cuentos, un ser ínfimo inserto en un universo indescifrable. Demostró ser un verdadero sabio, una persona como cualquiera otra que sigue adelante con su vida, una persona consciente de que lo que sabe es muy poco aún, un aprendiz de el tiempo, a pesar de que ha conseguido traspasarlo y burlarlo y contra el que va luchando con su pluma. En la entrevista, Borges se mostró más humilde que tantos de nosotros. Desdoblado de su obra, cuando el entrevistador le citaba sus propias frases Borges decía "Mire usted ¿y eso lo escribí yo?, no está mal, ¿no?" mostrándose excesivamente humano y cálido en contraste con lo suprahumana y a ratos fría que nos pueda parecer su obra. Vale la pena conseguir esa entrevista y verla para comprender muchas cosas.

El fantasma de Dalí en cambio, se me apareció inevitablemente cuando ayer fui a visitar Figueras, la ciudad catalana que lo vio nacer. Una ciudad que no tiene nada de especial fuera del Museo que es el máximo exponente de su obra y de su inflado Yo que lo llevó a insertar en el espacio un edificio que parece sacado del sueño más absurdo. Este museo fue uno de los proyectos que mantuvo ocupado a Dalí gran parte de su tiempo y cuya magnificencia, autorreferencia y potestad llegaron a agotarme.

Algunos montajes me parecieron horribles, a pesar de todos los fundamentos estéticos que se les pueda otorgar, que son kirsh, que el surrealismo, que el juego espacial, en fin. Esto no quiere decir que Dalí no sea un verdadero genio, sí que lo es, ¿quién podría jugar tan libremente con el espacio?. Y aquí cabe destacar la distinción que hice entre ambos creadores al comienzo (Dalí el genio; Borges, el sabio) Dalí no me parece un sabio, porque quien se cree Dios no puede serlo. En un par de oportunidades he leído sobre Dalí como persona y él se sentía un verdadero Dios, incluso en un momento fue amante de la monarquía y del gobierno de los poderosos (me sorprendió ver en su museo una gigantografía del rey Juan Carlos), de la primacía de los más fuertes por sobre los débiles, siendo que también fue comunista en sus tiempos. Dalí se paseaba con un exótico báculo que en ese entonces sólo llevaba el papa o alguno de aquellos poderosos que sitúan su pie sobre nuestras cabezas. Solo Dalí logró destruir una vitrina completa en una de las más famosas avenidas de Nueva York, como si nada... claro, es Dalí. En fin, Dalí era su propia obra y así se sentia, pero su avasalladora presencia me hizo dudar.

Sin juzgar a uno ni a otro (sería una patudez extrema), solo presentando la que es mi percepción de ambos, si sacamos la genialidad de Dali y la sabiduría milenaria de Borges, nos quedamos con dos seres humanos que marcaron nuestra era.

Sin duda las obras de ambos son geniales por donde se les mire. A mí al menos muchas de ellas me quedan grandes y me dejan con los ojos abiertos intentando situarme en esa dimensión cuyo velo se va descorriendo poco a poco hasta encontrarme con otro velo y así sucesivamente. Un código que viene de otro lugar, un eco que a ratos me ha parecido cercano pero que tiende a alejarse.

Para mí Dalí como personaje representa las aspiraciones del mundo actual, un ser materialista, individualista, egocéntrico a morir. Los Dalís de hoy son los que triunfan, son aplaudidos y admirados por los que están más arriba. Los que su presencia avasalladora no permite detenernos en aquellas personas cuyo silencio esconde infinitas riquezas y mundos. Dalí fue uno de los que depositó la primera piedra para los cimientos del mundo así como lo vemos hoy.

Borges, en cambio, es uno de aquellos seres silenciosos, un viajero del tiempo que nos abrió puertas hacia lo desconocido, hacia otros mundos mucho mayores que este. Aqui no somos más que hormigas intentando descifrar que hay más allá de lo que vemos. Creo que Borges es el que escucha y camina con los ojos abiertos, el que atraviesa este momento contingente, esta hora y este día, para hacernos comprender que somos un símbolo.

Desde esta perspectiva yo me alío más a Borges como persona. Creo que lo que me representa es lo que más está escaseando por estos lados. Me frustra ver cómo hay personas que ponen su pie sobre la cabeza de otro, sin ser capaces de ver qué mundo esconde ese otro. Creo que los lectores del silencio y de las miradas pueden comprender a lo que me refiero.

viernes, enero 19, 2007

Del otro lado

Lo conocí en una cancha de futbol y al poco tiempo me metió un golazo, pero la pelota atravesó la red y se fue tan lejos que el partido no pudo seguir. Inventó una lata para seguir chuteando, pero ya no era lo mismo y se frustró, tiró la lata a medio campo y abandonó el juego. Yo seguía a la defensa del arco, pensando que la lata también podría traspasar la linea, o que alguien, quizás, con un poco de imaginación, podría sustituir la pelota. Pero luego me di cuenta, cuando ya nadie tenía ganas de jugar, -ni siquiera de chutear una maldita lata-, de que el juego se había acabado y me salí de la cancha a buscar otro juego, para no pensar en lo que pienso, y ¿qué pienso? justamente ahora estoy tentada a pensar ¿porqué fui la única que no me importaba seguir en una pichanga sin pelota?... da igual, mejor pensar en algo más importante que una lata o una pelota –aunque debo reconocer que algo tan estúpido puede apoderarse de mi mente-

Para ventilar mi cerebro de semejante desilusión, decidí ahogar mis penas en el camino a casa, que en ese momento se había hecho demasiado corto para todo el tiempo del que disponían mis pasos, acompañados de un cigarro. Cuando salí de la cancha, mi objetivo comenzó a aparecer como un espejismo, que a medida que me acercaba a él, se iba transformando en un lugar. Una barra, un par de chicos sirviendo, yo en un costado, y una multitud para observar sin ser observada, ni descubierta. Dentro del espejismo, yo sentada a un costado de una larga barra que abraza incontables botellas (presente) de tragos familiares y desconocidos, sifones, dos chicos, un tablero de ajedrez cerrado, un lavaplatos, una bolsa llena de basura... pero me enfoco en el tablero y me inflo imaginando que quizás alguien quiere seguirme una partida, luego me calmo y tomo un trago del vino que recién me han llenado. No quiero ligar, no quiero mirar más allá de lo que pasa a este lado de la barra. seguro que alguien me ve ahí sola y quiere llegar -imagino-, pero eso no es parte de mi espejismo inicial, así que decido no enfocar a nadie fuera del campo de juego. Todo lo que sucede tras la barra es nombrado con mis palabras imaginarias a medida que lo voy mirando. Solo me enfoco a los objetos y los vuelvo a nombrar de un brochazo: el ajedrez, se llama cacique; esas botellas uniformadas se llaman pandoras; los sifones, grifos y los destilados -con sección dedicada-(whisky: scarface; brandy: oliveira; ron, manolo; pisco, casca; cachaza, reptilia; vodka, strotzil; tequila, picotazo; mezcal, cactelote; martini, aníbal...)

Cuando necesito algo se lo pido al joven –aún no identificado- y si se me acaba el tabaco, a otro que esté cercano. En teoría no me falta nada. He contruido un lugar perfecto desde aquel costado y me siento segura. El único problema es no mirar demasiado el tablero ni ningún objeto de la barra, ni menos con mi natural cara melancólica, que en cuanto se concentra en cualquier objeto o persona, se frunce, antes de saber de qué se trata. Una cara que se frunce en cualquier acto de concentración o enfoque.

Desde afuera alguien me pide fuego y en seguida me pregunta si estoy enfadada, lo cual reafirma mi complicidad con todo lo que sucede del otro lado de la barra, y claro, es la típica forma de engrupir… esperando que le diga que no lo estoy y que estoy sola. Pero en ese momento no lo estoy porque todos los objetos a mi alrededor han sido nombrados y “domesticados” por mí, y por eso me siento la “reina” de ese espacio y por eso siento que los que están del otro lado –de la barra-, deben respetarme y tratarme como una reina y con solo pensarlo mi copa está siendo rellenada por uno de los de mi lado y luego otra y otra… tan reina yo ahí hasta que el lugar se ha vaciado. Claro, porque soy la reina y no me voy a liar con ninguno de los que quedaron, eso sí que no… a menos que me atrajera desmedidamente alguno de ellos, cosa que no me pasa muy a menudo. Ya se me ha olvidado la escena de la pelota o lata de fútbol y ya ni sé porqué estoy tan peda en ese lugar, olvidé el referente inicial, el motivo absurdo que me llevó hasta allí. Entonces me paro digna y busco monedas para pagar, pero claro, no sé cuántas tendré que pagar (para mí es impagable la dedicación con que he mirado el otro lado), y ya les contaré con qué pagaba esas copas de vino (no sean mal pensados).

Y así fue como ese lugar lo hice propio y nunca me dejó volver acompañada, hasta que conocí a Renata, con quien abrimos ese tablero, jugamos todas sus piezas y nos hartamos de beber vino. Ella compartía esos secretos del otro lado hasta hacerse mi más fiel cómplice, al punto de hacernos adictas a los vinos, al tablero y luego al culo y a los ojos –respectivamente- de los argentinos que habitaban de ese lado… la historia continúa...

martes, agosto 29, 2006

casi panacea

Cuando mis días están repletos de actividades y deberes, en cuanto tengo un momento libre me escapo a un parque o me encierro en mi ático y son tantas las anécdotas, pensamientos e imágenes que se van guardando en mí que intento volcarlos de alguna forma por necesidad, sino mi vida no vale la pena. Cada cual tiene sus canales, para mí, los canales vitales son las palabras y las imágenes. Sin ellos, cuando mis manos están castradas para delinear o teclear palabras, significa que algo no anda bien. En este sentido claro queda que algo no anda bien en mí, porque hace al menos un mes que no escribo ni una sola palabra, nada de nada, y cuando eso sucede uno empieza a meter el dedo en las yagas más dolorosas de uno intentando descifrar porqué nada nace de un día para otro. Quizás nada vale la pena para ser descrito, quizás no se ha incubado ninguna imagen en mí que me identifique con los misterios del mundo o con los otros. ¡Qué soledad más inmensa! de encontrarse con las manos castradas justo cuando tengo el tiempo de soltar mis manos y hacerlas jugar. Al estar conciente de que no tenía nada que decir, que pasaba por una frigidez intelectual o como se le pueda llamar, empecé a enmudecer poco a poco.

Hoy llegué a ese extremo. Antes no me sentía sola aunque lo estuviera, ahora me estaba sintiendo más sola que nunca porque estaba a sangre fría, conformándome con esta realidad, con lo que mis ojos veían y nada más allá, eso si que es el vacío. Hoy me hice cargo de eso, pesqué bicicleta y me fui a pedalear por la ciudad, en ningún caso esperando que el aire me trajera algún mensaje o recuerdo, o que alguna imagen urbana me diera la solución, no, simplemente me dediqué a pedalear con la mente en blanco y los ojos nublados de ese vacío que me estaba invadiendo. Llegue al parque y decididamente apoyé la bici en un arbol, acomodé mi cabeza con la mochila y estuve unos cuantos minutos mirando la nada, lo que no estaba ante mis ojos, mirando a través de esa pareja con guagua, del jardinero regando, del tipo que vendía panes y que no quería que se me acercara. Entonces saqué esa novela de Vilas Matas "El mal de Montano", de un tipo que está enfermo de literatura, que inventa un personaje que no puede escribir, que está castrado por este mundo, encarcelado por esta sucesión de días y noches que en momentos como este solemos llamar vida.

Entonces justo llegué al capítulo de los diarios, donde Vilas Matas dedica unos párrafos a diferentes autores de la literatura universal en torno al tema de la escritura; de la pasión y castración inherentes a ésta en la mente de los escritores (considerando que hay "mentes de escritores" que no han escrito un mísero párrafo en su vida).

citas, citas y citas...

No digo que esta lectura haya sido mi panacea, pero la literatura sí que lo es, me hace huir de este mundo tan solitario. La dejé dormida y ahora retorno a esa guarida y mágicamente he conseguido comprender el fondo de esta novela o más bien de mí (extrañamente me vi desde el otro lado), espero mantener ese fondo cálido y en un lento movimiento de lava volcánica, por que sólo así el aire corre delicioso dentro mío.

Espero que este sea un nuevo comienzo...

martes, junio 06, 2006

imagen

Primer plano a un pescado flotando en el mar, dejándose llevar por las olas. La cámara se aleja y da a un plano general donde se aprecia que éste se encuentra en medio del océano. Está amaneciendo, y la luz de la mañana reflecta un intenso brillo desde sus escamas. Silencio. La cámara recorre el mar rápidamente –sensación de varios kilómetros recorridos- hasta llegar a un muelle de madera, medio podrido, allí, en una misma secuencia, aparece un primer plano de unos pies curtidos y viejos en unas chanclas. La cámara comienza a subir y empieza a aparecer el cuerpo de un hombre viejo, plano americano. Atrás se aprecia un par de botes de pescador. El viejo fuma mirando el mar. Primer plano, ojos envejecidos. Sus ojos se emocionan cuando a lo lejos (y ahora un plano general del rostro del viejo y el horizonte) se ve un ínfimo reflejo de luz que viene del mar.

viernes, junio 02, 2006

Viaje al fondo del mar

Guarda el costal de harina bajo su litera de madera, apaga el fuego y sale al muelle a fumar, en espera del barco que hace treinta días encalló por última vez en la isla. En Tortel, además de carnearse animales, de extraerse hierbas y cortezas de los árboles, se cortan los cipreses completos para a cambio de unos pesos, venderlos mensualmente al barco que viaja desde Punta Arenas hacia otras ciudades del norte. De las faenas rurales y de aquello de los postes viven los 400 habitantes de la isla y entre ellos Marcelo Nahuel.

Quitado de bulla, con su boina gaucha que oculta una navaja, Nahuel fuma bajo una de las pasarelas de madera con la mirada detenida en un punto del río Baker, aquél que lo llevará lejos de su pueblo -según piensa-, la isla donde se ha ganado cierto respeto y fama, más por su silencio y su carácter de piedra que por su talento poético volcado en ese cuaderno que intenta llenar de palabras, que desde su adolescencia emergen de la soledad y la lluvia.

La fama de Nahuel se había extendido a los poblados más cercanos y ya casi no llegaban extraños a la isla. Esta había cambiado su imagen fantasmagórica y misteriosa, por la de un lugar salvaje y solitario, que se expresa cuando cae el sol, y emergen las navajas, los corridos, el alcohol y las piernas abultadas de las escasas putas que aún no han dejado el territorio. Por las mañanas, en cambio, los mismos hombre embarcan en sus lanchones para ir a labrar los campos, pastorear cabras y en ocasiones especiales, carnear algún novillo.

Nahuel fuma esperando el barco que se acerca por el sur. Pero esta vez no subirá los postes de Ciprés acumulados a la orilla del muelle, sino que piensa viajar con ellos hasta pisar tierra firme y luego desplazarse hacia la Capital. Sin duda pasará inadvertido entre esos tonélicos pedazos de madera.Dónde llegará a quedarse, él mismo no lo sabe. Pero de seguro, como escuchó alguna vez en la radio del bar y como es lógico, tendrá que llegar a la Plaza de Armas; el punto donde convergen los brazos de la ciudad, para desde allí buscarse la vida. Cargó el primer poste, simulando ser uno más de los suyos, y luego esperó, escondido tras una choza húmeda, el grito para zarpar. Durante ese último pucho, pensó en sus brazos y en la leña que había dejado cortada. Pensó en esa lluvia, ¡tan suya! Y en las rebuscadas pasarelas de madera, que alejan los pies de su pueblo de ese bosque pantanoso.

Primero llegó al poblado de Cochrane y luego se desplazó por tierra, cruzando por las tierras transandinas hasta Osorno y de allí a Santiago. El viaje tardó tres días entre aventones de lanchas y camionadas de ganado que suelen desplazarse de ciudad en ciudad. Antes de morir, Nahuel quería conocer la ciudad, no porque admirara ese estilo de vida que ya parecía conocer a través de la señal de radio que a veces llegaba de Punta Arenas. Para él, lo único necesario para sobrevivir eran sus propias manos y su mente astuta. El resto, pretensiones de lo que en su radio llaman “el hombre civilizado”.

Sin caer en contradicciones, Nahuel se había desplazado a la ciudad precisamente para probar qué tan importantes eran sus manos y cabeza -donde él localizaba las virtudes de él y su gente- en un lugar donde habitaba la disconformidad y la predisposición de lo bueno y malo, de lo bonito y lo feo y de la alienante –y exótica para él- necesidad por “ese pedazo de papel que llaman dinero”, esa incomprensible panacea.

El camión lo deja en la panamericana y al abordar la primera micro camina por el pasillo hasta el asiento trasero. El conductor le hace una seña por el retrovisor. Nahuel mira ventana afuera. El conductor lo llama con el seño fruncido. Nahuel voltea y lo mira. El conductor lo vuelve a llamar, esta vez con un grito–¡Tu boleto!! ¡O lo pagai o te bajai conchetumadre!Nahuel no le responde. El conductor detiene la micro y decide bajarlo. Nahuel se resiste. El conductor toma el garrote de atrás del asiento y lo amenaza para que baje. Nahuel levanta su boina y coge la navaja, para propiciarle un profundo corte en la panza. Nahuel se refugia tras la Catedral de la plaza de Armas y se percata de que ahí se habla diferente, al parecer allí otros son los Forasteros. Nahuel les habla y nota que son de más lejos que él. Tiene sangre en las manos, la gente lo aparta con su mirada.

Nahuel vuelve a sacar la navaja, carnea una paloma y se refugia dentro de la iglesia. El cura le ve las manos y la paloma muerta y llama al otro cura. Entre ambos lo echan. Nahuel se resiste, el cura le pone el brazo tiernamente en el hombro. Nahuel lo coge y lo arroja. El cura lo intenta abrazar, Nahuel saca su navaja y le procura un corte.

Agotado por su largo viaje, Nahuel se duerme en el confesionario y sueña con el fondo de un mar que no conoce. Sus manos y cabeza abandonadas en esa oscuridad. Sobre ellas, caracoles y algas pegadas. Como un viejo cofre olvidado. Allí todo es silencio.

jueves, mayo 18, 2006

Dedicatoria continuada

Continuando la dedicatoria del libro de Alvaro de Campos que apareció de la nada un día Jueves de Mayo en la puerta de mi casa.

...el misterio de esto que a ratos nos parece tan absurdo. Un misterio del cual sólo logramos conocer la sombra. Esa sombra secreta que se nos muestra en cada detalle y también en lo más grande. Que se encuentra en las miradas, en las calles pobladas de gente, en ese zapato roto y abandonado, en las arterias esculpidas en las hojas de los árboles, tan parecidas a las palmas de nuestras manos. Me detengo en las miradas o más bien en La Mirada, que muestra toda la pena, la felicidad, los sueños, los deseos y los fracasos del mundo: un velo que no se descorre, pero que insinúa una puerta hacia el infinito, un misterio delicioso que llamamos existencia.

A mi me encanta la vida, con todo lo que la incluye, me encanta no saber qué me depara, como un campo ancho por donde puedo correr, quizás sin saber, para llegar a un paisaje nuevo con acantilados hacia un mar violento que se azota contra la tierra. Luego seguir y llegar a un desierto inacabable, el cual seguro (me imagino) guardará un oasis para mí.

Oasis que llevo dentro, -así como el camello guarda el agua en su joroba- y que me da de beber cuando a mi alrededor es todo arena y rocas. Otro paisaje amarillo, lleno de polen y semillas que llena mi rostro de luz. O quizás una mirada, una simple mirada que puede contener todos esos paisajes. Una mirada desnuda, que contiene mis sueños, sombra de algo infinito que intuimos, como parajes nocturnos que van despertando a la luz, cuando vamos por las aceras donde el tiempo no existe, en una de las cuales nos cruzamos.

domingo, mayo 14, 2006

atracción lunar

Imprimiste un lunar en mi boca, esa noche transformada en día y te paseas por mis recuerdos, buscando ese lunar robado. Pensando en que regresaría a tu boca, probé con otro beso, pero fue inútil, porque tu lunar se grabó en la mía para siempre. Y desde ahí, tu buscas tu lunar en mi boca y yo en la tuya y así inseparables se hicieron nuestros besos.

Se me puede perder todo, incluso la cabeza, que a estas alturas está hilada a mi cuello con una puntada muy fina, (así como la basta del jumper colegial que me hacía yo misma, a punta de corchetes). Puedo -podemos- perderlo todo, pero hay algo que permanece y que en este momento identifico como algo tuyo que he guardado -quizás eso sucedió la primera vez que nos abrazamos y se me abrió una puerta hacia otro lugar- algo, que tú recuperas con mis besos, porque en ellos te entrego una porción de mí pero otra de ti, algo que me entregas y que te devuelvo (un lunar por otro lunar = ecuación alquímica). Quizás por eso nos elevamos tanto porque al tocarnos nos recuperamos el uno al otro.

Te vienes a instalar en mí en los momentos más impredecibles, y te paseas libremente por mis pensamientos, como si estuvieras en un lugar tuyo, como si tuvieras un gran pedazo de tierra adentro mío para sembrar, remover, construir, botar. Te paseas por mi tierra como si te perteneciera, por mis pensamientos como un río que va llenando de verde sus orillas y haciendo su alrededor todo fértil. Quizás en un acto de magia podrías llegar a mi lugar desierto y transformarlo en un solo oasis, yo, un solo oasis en un mundo desierto.

la verdad es que somos un oasis juntos, una excepción a la regla, algo que no nos explicamos pero que simplemente está. ¿Qué es eso que permanece? porque sí que hay algo y no sé cómo llamarlo, sólo intuyo que es algo anterior y posterior a la vez, porque el tiempo da igual, corre demasiado rápido para nosotros, como si esto no nos bastara.

sábado, abril 22, 2006


¡Feliz día tierrita linda! Aunque todos son tus días, éste lo marca nuestro calendario. Ojalá los dolores de cabeza que te hacemos pasar a diario se transformaran en cariños. Yo aportaré lo mío.

miércoles, abril 12, 2006

hoy


camino al ritmo de una música que nadie escucha

¿será porque hay luna llena?

la melodía sería como este dibujo de misterioso vaivenes.

viernes, abril 07, 2006

Bonobos

Revista el Ajo Invierno 2004/2005 Núm. 1

Hace unos tres millones de años un grupo de rebeldes vivía al sur del actual río Congo. Se trataba de un tipo de primate muy parecido al que conocemos como chimpancé. Este puñado de héroes, no sabemos aún el motivo, decidió separarse del comportamiento habitual y mutar en una nueva especie. Frente al Pan troglodytes (chimpancé), ellos se constituyeron de forma autónoma en Pan paniscus o Bonobo.
En los siguientes millones de años, nuestra comunidad disidente mostró poco interés por el desarrollo de la creación. La felicidad, es cierto, es poco estimulante para la industria, la ciencia y la avaricia. Es muy probable que los bonobos tampoco considerasen significativo que una mutación suya llamada Homo (el bonobo es el ser genéticamente más parecido al hombre) abandonase el edén en busca de nuevas fronteras.
Tiempo después, ese primo apareció denuevo por el sur del río. Ahora era blanco, tenía la nariz afilada y vestía de caqui. Era un tipo altivo, chulo y violento, sin embargo, el bonobo decidió actuar y ayudarle a encontrar el buen camino.
Berlín 1929, el crack bursátil rompe el espejo verde de la felicidad. La ciudad convierte su permisividad en una extravagante decadencia. No podía ser ni en otro sitio ni en otro tiempo que Ernst Schwartz, cuidador de los chimpancés del Zoo de Berlín, hiciese el descubrimiento. El comportamiento de los chimpancés pigmeos era sumamente extraño; se organizaban en matriarcado, sus machos nunca se agredían entre ellos, follaban cara a cara, mirándose a los ojos y, algo insólito, se besaban.
A Hitler no le interesaron los bonobos y encontró alivio en los gorilas, fuertes, machos y estúpidos como referente para el próximo salto evolutivo.
Llegamos a 1970. Una expedición de japoneses se interna por primera vez en territorio bonobo. Hacía pocos años que había acabado la más larga y extraña guerra entre chimpancés que recuerda la historia y que mantuvo enzarzados desde 1930 a cientos de tribus dejando miles de monos muertos. Ningún bonobo, por supuesto participó nunca de esa carnicería extrañamente paralela a las muchas que el Homo mantuviera en ese mismo tiempo: la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, Corea, el GULAG y Vietnam. Una vez más, el bonobo venía a iluminar el camino de su primo. Los japoneses descubrieron que si el chimpancé es territorial, el bonobo era nómada, si el chimpancé era caníbal, el bonobo vegetariano, si uno androcéntrico, el otro matriarcal, si el uno violento, el otro absolutamente pacífico, si el primero temía el agua, el bonobo cruzaba los ríos erguido, bípedo, sin miedo. Los setenta serían pues, una década bonoba.
Pero, ¿cuál era el arma, la clave para crear una sociedad sin guerras ni violencia, donde la comida se reparte por igual y donde hasta grupos de 400 individuos se reúnen con tribus desconocidas para aullar y compartir alimentos juntos? Pues el sexo.
La actividad sexual de la hembra bonobo es diez veces superior a la del chimpancé y casi mil a la del gorila. Junto con el humano, es el único primate en celo permanente. La líbido no reprimida y constante de la hembra obliga al macho que desee perpetuarse a no perder estúpidamente el tiempo en peleas. La hembra mantiene a su vez intensas y frecuentísimas relaciones lésbicas para sellar alianzas. El sexo relaja tensiones. Si dos machos buscan bronca, pronto aparecen sendas hembras que les hacen olvidar sus ganas de pelea. Entre machos, una paja o una mamada es la forma frecuente de sellar acuerdos y retomar amistades. “Los dos contrincantes se paran frente a frente y gritan como locos durante un buen rato. Luego, uno de ellos le hace una señal al otro para que se acerque. Inmediatamente se tocan y se abrazan, refriegan sus genitales en señal de amistad y se dedican tranquilamente a juntar comida.” Escribía Frans de Waal, pionero en el estudio de los bonobos y autor de La política de los chimpancés. Las crías se inician en el sexo con adultos desde la más tierna infancia, neutralizando la pedofilia a través de su ejercicio en familia. Se trata de un juego divertido, aleccionador, socializante. Quizá por ello el pene del bonobo supere el tamaño de la media humana: la función hace la forma...

Por eso pensamos
-Que ahora más que nunca es necesario que el bonobo y su cultura vuelvan en nuestra ayuda en estos tiempos en que estamos bajo la tiranía de los chimpancés.
-Que nadie se equivoque, la genética lo ha dicho. Nosotros descendemos del amor y no de la guerra. Del gentil bonobo y no del violento, machista, caníbal, propietario y rentista chimpancé.
-Que en nuestra naturaleza está el tránsito, no la emigración. Nacimos para vadear ríos no para abrevar asustados en sus orillas.
-Que fue en los primeros tiempos cuando las diosas putas y fértiles regían el mundo, cuando el bonobismo no se había perdido en la avaricia de los machos alfa, cuando existió realmente la Edad de Oro de la que todas las culturas han hablado.
-Que el bonobo no acumula, el bonobo reparte, el bonobo se entrega, es la negación de la tesis de Freud, que sostiene que el principio del placer que mueve a todo ser, debe ser atemperado por el principio de realidad dedicado a salvar el yo, el individuo.
-Que el chimpancé es territorio y el bonobo tan solo tiempo. El bonobo nunca es yo, es siempre ahora.

Por eso exigimos
-Que la ciencia académica y reaccionaria rectifique sus chimapancescas teorías inmediatamente. El hombre no se puso en pie para ver mejor a sus presas en la sabana: lo hizo para pasear en busca de congéneres sin que le entrase agua en la nariz.
-Que se otorgue estatus de embajador especial de la ONU a los 106 bonobos que están retenidos en los zoos humanos y se les invite a colegios y consejos de administración para que adiestren al humano (el bonobo tiene un complejo idioma propio, pero es capaz de reconocer más de 400 pictogramas).
-La abolición del clan patriarcal como desviación aberrante de nuestra naturaleza.
-Que la promiscuidad sexual sea la vanguardia de las demás mezclas y mestizajes. Sabemos que la promiscuidad disuelve la propiedad, raíz de toda lucha e injusticiaa, iguala a los individuos y atempera las ambiciones.
-Que se despenalice cualquier tipo de relación sexual y pase a considerarse el sexo, y no el contrato, como la fundamental de las relaciones entre seres civilizados.
-La mujer debe ser inducida a su libre sexualidad desde su nacimiento, es la mediadora natural en los conflictos entre los hombres. Queremos que vuelvan nuestras diosas-putas-madres a gobernar a los machos.

Este número ha sido concebido a partir de un taller creativo en Girona por José Ribas, Toni Puig, Javier Esteban, Aurora Arenas, Juan Antonio Álvarez, Merce Moragas, Alejandro de la Rica y Conxita Flores.

Editan José Ribas, Toni Puig y Javier Esteban.

Edita AjoBlanco Editorial Multimedia SLBalmes, 166 bajos int 08008 Barcelona

miércoles, abril 05, 2006

Indiferencia

Tengo cita en una ciudad. Voy atrasada, corro al encuentro de ella y ésta me espera indiferente como una puta cara y preciosa parada en una esquina esperando encontrar al cliente que le de más. Me paseo a su lado, la miro de reojo e intento conquistarla, pero su mirada parece atravesarme como si yo fuera un fantasma de otro mundo. Después de algunas horas, decido sentarme en la vereda, encender un cigarro y comprender que no podré tenerla, ni por todo el dinero del mundo. Entonces en la vereda, desde el otro lado veo a una como yo, esperando a alguien. No me acerco, pero ésta sí me ve, y fija su mirada en mí. Entonces comprendo que quien creía me esperaba no era esa puta cara, sino esa niña curtida de la vereda. Esa niña que es como yo, pero desde el otro lado.

viernes, marzo 17, 2006

jueves, marzo 16, 2006

cinco paredes

Entre cinco paredes se encuentra mi vida. Dos de ellas el pasado y el futuro; la tercera, un pasadizo secreto hacia oscuros laberintos que conectan mundos subterráneos entre mí y otras vidas que aún desconozco, pero que desde esta plataforma intuyo, como criptas abriéndose, saliendo de la tierra al encuentro de otra vida. La cuarta pared, el presente, esa pared que dibujo, taladro, rompo o coloreo según el aire, el despertar y los pasares. La quinta, es la pared de los sueños, esa que atravieso...

todos contra uno